Batalla de Carabobo y Día del Ejército
El 24 de junio
de 1821, Venezuela fue guiada por Simón Bolívar
en la Batalla de Carabobo, donde venció a España
que fue guiada por el mariscal de campo Miguel de la Torre. Dandole
así fin al dominio español y comienzo a la Venezuela
independiente.
Carabobo no
es sólo una batalla sino, ante todo una campaña
expresión de unidad, estrategia, organización. Para
el 28 de abril de 1821 el ejército patriota estaba bien
organizado. Este día salieron todas las divisiones desde
sus respectivos puntos de partida, menos la división de
Páez, quien salió de Achaguas el 10 de mayo. Todos
debían concentrarse en San Carlos.
Urdaneta sale
de Maracaibo vía Coro y Carora, donde debe quedarse por
enfermedad; Bolívar inicia la marcha en Barinas con dirección
a Guanare y San Carlos; Páez salió de Achaguas,
y tras una Penosísima marcha al mando de 2.500 hombres
y conduciendo 2.000 caballos de reserva y 4.000 novillos para
el abastecimiento del ejército, llegó a San Carlos
el 4 de junio.
A Cruz Carrillo
le correspondió una misión muy importante, la diversión
en Occidente, de manera que siguió la ruta Trujillo-Carache-El
Tocuyo-Quíbor-Barquisimeto. Su tarea era sólo la
de impedir que las tropas realistas concurrieran a auxiliar a
los suyos. Igual misión tuvo Bermúdez, quien salió
de Barcelona también con el propósito de distraer
a los realistas de Caracas. Presentó batalla en El Calvario,
y aunque fue derrotado, sirvió para lo que se quería,
es decir, evitar la reunión de la gran masa del ejército
realista en Carabobo.
El domingo
24 de junio de1821 se enfrentaron, a las 12 del mediodía,
4.079 realistas contra 6.500 patriotas. Apenas la mitad, aproximadamente,
de los efectivos pudo participar en la batalla, que culminó
en cuestión de una hora. La división de Páez
fue prácticamente la única que intervino, con sus
llaneros y la Legión Británica. Plaza y Cedeño
murieron por impetuosidad, cuando ya la batalla estaba decidida.
Bolívar
dirigió el ejército patriota y Miguel de La Torre
el realista. Fue tan contundente la hazaña de Páez,
que el Libertador lo ascendió a General en Jefe en el mismo
campo de batalla.
La batalla
de Carabobo aseguró la independencia de Venezuela, si bien
hubo que esperar hasta el 24 de julio de 1823 para rubricarla
definitivamente con la batalla naval del Lago de Maracaibo. El
último reducto de los realistas, el castillo de Puerto
Cabello, cayó bajo las armas de José Antonio Páez.
Parte
de la Batalla de Carabobo
Al Excelentísimo
señor Vicepresidente de Colombia.
Ayer se ha
confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político
de la República de Colombia.
Reunidas las
divisiones del Ejército Libertador en los campos de Tinaquillo
el 23, marchamos ayer por la mañana sobre el Cuartel General
enemigo situado en Carabobo, en el orden siguiente: La primera
división, compuesta del bravo batallón Británico,
del Bravo de Apure y 1.500 caballos a las órdenes del señor
general Páez. La segunda, compuesta de la segunda brigada
de La Guardia con los batallones Tiradores, Boyacá y Vargas,
y el Escuadrón Sagrado que manda el impertérrito
coronel Aramendi a las órdenes del señor general
Cedeño. La tercera, compuesta de la primera brigada de
La Guardia con los batallones Rifles, Granaderos, Vencedor de
Boyacá, Anzoátegui y el regimiento de caballería
del intrépido coronel Rondón, a las órdenes
del señor coronel Plaza.
Nuestra marcha
por los montes y desfiladeros que nos separaban del campo enemigo
fue rápida y ordenada. A las 11 de la mañana desfilamos
por nuestra izquierda al frente del ejército enemigo bajo
sus fuegos; atravesamos un riachuelo, que sólo daba frente
para un hombre, a presencia de un ejército que bien colocado
en una altura inaccesible y plana, nos dominaba y nos cruzaba
con todos sus fuegos.
EL bizarro
general Páez a la cabeza de los dos batallones de su división
y del regimiento de caballería del valiente coronel Muñoz,
marchó con tal intrepidez sobre la derecha del enemigo
que en media hora todo él fue envuelto y cortado. Nada
hará jamás bastante honor al valor de estas tropas.
El batallón Británico mandado por el benemérito
coronel Farriar pudo aún distinguirse entre tantos valientes
y tuvo una gran pérdida de oficiales.
La conducta
del general Páez en la última y en la más
gloriosa victoria de Colombia lo ha hecho acreedor al último
rango en la milicia, y yo, en nombre del Congreso, le he ofrecido
en el campo de batalla el empleo de General en Jefe de ejército.
De la segunda
división no entró en acción más que
una parte del batallón de Tiradores de La Guardia que manda
el benemérito comandante Heras . Pero su general, desesperado
de no poder entrar en la batalla con toda su división por
los obstáculos del terreno, dio solo contra una masa de
infantería y murió en medio de ella del modo heroico
que merecía terminar la noble carrera del bravo de los
bravos de Colombia. La República ha perdido en el general
Cedeño un grande apoyo en paz o en guerra; ninguno más
valiente que él, ninguno más obediente al Gobierno.
Yo recomiendo las cenizas de este General al Congreso Soberano
para que se le tributen los honores de un triunfo solemne. Igual
dolor sufre la República con la muerte del intrepidísimo
coronel Plaza que, lleno de un entusiasmo sin ejemplo, se precipitó
sobre un batallón enemigo a rendirlo. El coronel Plaza
es acreedor a las lágrimas de Colombia y a que el Congreso
le conceda los honores de un heroísmo eminente.
Disperso el
ejército enemigo, el ardor de nuestros jefes y oficiales
en perseguirlo fue tal que tuvimos una gran pérdida en
esta alta clase del ejército. El boletín dará
el nombre de estos ilustres.
El ejército
español pasaba de seis mil hombres, compuesto de todo lo
mejor de las expediciones pacificadoras. Este ejército
ha dejado de serlo. Cuatrocientos hombres habrán entrado
hoy a Puerto Cabello.
El Ejército
Libertador tenía igual fuerza que el enemigo, pero no más
que una quinta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra
pérdida no es sino dolorosa: apenas 200 muertos y heridos.
El coronel
Rangel, que hizo como siempre prodigios, ha marchado hoy a establecer
la línea contra Puerto Cabello.
Acepte el
Congreso Soberano en nombre de los bravos que tengo la honra de
mandar, el homenaje de un ejército rendido, el más
grande y más hermoso que ha hecho armas en Colombia en
un campo de batalla.
Tengo el honor
de ser con la más alta consideración, de V. E. atento,
humilde servidor.
Valencia,
25 de junio de 1821.
Simón
Bolívar
Controversias
Cuenta
la historiografía y la leyenda, que para el caso es lo
mismo, que Bolívar, desde las alturas de Buenavista, advirtió
que el ejército realista del Mariscal de Campo, Miguel
de la Torre, era inabordable por el frente y por el sur, por lo
cual ordenó una maniobra desbordante. Lo cierto es que
Bolívar conocía muy bien el terreno sobre el cual
se movían. No en vano, allí mismo, había
derrotado al Mariscal Juan Manuel Cajigal durante la poco conocida
primera batalla de Carabobo del 28 de mayo de 1814, en los ardores
de la Segunda República.
Pero lo que realmente ocurrió durante aquella segunda y
última batalla en Carabobo, jamás lo sabremos. Sus
pormenores han sido redimensionados en función de los intereses
de quienes asumieron el poder en los territorios liberados, para
magnificar su significado y articularlo a un proyecto nacional
auspiciado por un minúsculo grupo social. Es decir, la
Batalla de Carabobo ha cumplido un doble propósito: 1)
identificar y elevar a la categoría de próceres
a un escogido número de hombres que, bajo esa especie de
"titulo nobiliario", aspira un salvoconducto directo
a una tajada digna y considerable de la riqueza nacional, así
como a un espacio de poder incuestionable e irrevocable y 2),
servir como elemento unificador, generador de identidad, que facilite
el proceso de creación y consolidación de la nueva
república.
Esta doble intención permite entender la obstinada ceguera
historiográfica al reconocimiento definitivo, de que la
Batalla de Carabobo no es el punto final de la guerra por la independencia.
Como sí lo es la Batalla del Lago de Maracaibo, ocurrida
el 24 de julio de 1823. Sin embargo, el reconocimiento de semejante
hecho debilitaría la significación de Carabobo y,
con ello, se harían visibles las truculentas peripecias
y los juegos de prestidigitación del grupo social, económico
y político que reclamó el derecho a controlar el
devenir de la nueva nación.
En ningún caso se podía dar espacio a una provincia
como el Zulia, donde anidaban grupos políticos y económicos
amigos del facilismo, que siempre se habían mostrado renuentes
a la causa patriótica y que, por esas desgracias del azar,
ahora reclamaban un espacio de poder y parte de la torta por el
sólo hecho de considerarse actores de primera línea
entrados en última hora. Por ello había que ignorar
lo que de verdad había sucedido, para dar paso a una falsificación
de la realidad. Por ello Carabobo fue reinventado, transformado
en un relato epopéyico, en una ficción literaria
que engalana y enternece nuestros libros de historia patria, y
que blindó extraordinariamente los intereses de una clase
en particular.
Como explica Baudrillard, lo real, lo histórico, ha sido
aniquilado para dar paso al mito, perdiéndose la posibilidad
de conocer lo que realmente sucedió.
La Batalla de Carabobo no es el cierre del proceso de emancipación,
pero sí la última oportunidad de obtener el título
de prócer y gozar de los jugosos privilegios que implicaba.
Así, podemos concluir que Carabobo es un espejismo, una
ilusión de nuestra historia, una invención de nuestros
autofabricados próceres. Quizás se trata de una
singular y espectacular simulación puesta en marcha por
nuestras élites, ayudadas por eficientes y serviles historiadores,
para lograr apoderarse de nuestros destinos y doblegarnos a su
antojo.
N. J. Olivar
Universidad del Zulia
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