Día de la Independencia
Paraguay declaró
su independencia al derrocar a las autoridades españolas,
el 15 de mayo de 1811. El
Virreinato de Perú y la Audiencia de Charcas tenían
la autoridad nominal sobre el Paraguay, mientras Madrid por lo
general desatendía esa colonia para evitar las complejidades,
el gasto de gobernar y defender una colonia remota que había
demostrado una lealtad inicial pero para luego no tener mucho
valor en el vasto imperio español. Por esa razón
los gobernadores del Paraguay no tenían ninguna tropa real
a su disposición dependiendo así de una milicia
irregular compuesta por colonos. Los paraguayos nativos se aprovecharon
de esta situación y exigieron que las cédulas del
año 1537 les dieran el derecho para elegir y deponer a
sus gobernadores.
La colonia (en particular el cabildo de Asunción) se granjeó
la reputación de ser una frecuente tierra revoltosa contra
la Corona.
Las tensiones
entre las autoridades reales y los colonos alcanzaron el pico
máximo en 1720 a causa del estado de los jesuitas cuyos
esfuerzos por organizar a los indios habían negado a los
colonos el usufructo a la labor india. Una gran rebelión
conocida como la Revuelta Comunera estalló cuando el virrey
en Lima reintegró a un gobernador pro-jesuita a quien los
colonos ya habían depuesto antes. Esa revuelta era un ensayo
en varias formas de los eventos que desembocaron en la Independencia
de 1811. Las familias más prósperas de Asunción
(cuyas plantaciones de tabaco y de yerba mate competían
directamente con los jesuitas) organizaron esa revuelta pero cuando
el movimiento atrajo apoyo de los campesinos pobres en el interior,
los ricos la abandonaron y seguidamente solicitaron a las autoridades
reales la restauración del orden. Como respuesta, los campesinos
empezaron a incautar propiedades de la clase alta y llevárselas
al campo. Un ejército radical casi capturaba Asunción
e irónicamente fue repelido por las tropas indias provenientes
de las reducciones jesuíticas.
La revuelta
era el síntoma de un declive. Desde la refundación
de Buenos Aires en 1580, el firme deterioro de la importancia
de Asunción contribuyó a crecer la inestabilidad
política dentro de la provincia. En 1617 la provincia del
Río de la Plata fue dividida en dos provincias más
pequeñas: el Paraguay, con Asunción como capital
y el Río de la Plata con Buenos Aires como ciudad principal.
Con esta acción, Asunción perdió el mando
del estuario del río de la Plata y pasó a ser dependiente
de Buenos Aires para envíos marítimos. En 1776 la
Corona creó el Virreinato de Río de la Plata; Paraguay
que era subordinado a Lima pasó a ser una región
controlada por Buenos Aires. Localizado en la periferia del imperio,
el Paraguay sirvió como un estado tapón: los portugueses
bloquearon la expansión territorial paraguaya en el norte,
los indios también lo bloquearon, hasta su expulsión,
en el sur y los jesuitas lo bloquearon en el este. Se forzaron
a jóvenes paraguayos a servir en la milicia colonial para
realizar giras extendidas lejos de casa y eso contribuyó
a una severa escasez obrera.
Debido a que
Paraguay estaba ubicado lejos de los centros coloniales, tenía
muy poco poder de mando en las decisiones importantes que afectaban
su economía. España se apropió buenas partes
de la riqueza de Paraguay a través de pesados impuestos
y demás regulaciones. Al mismo tiempo, España estaba
recolectando la mayoría de la riqueza del Nuevo Mundo para
importar productos fabricados de los países más
industrializados de Europa especialmente Inglaterra. Los comerciantes
españoles pedían crédito de los comerciantes
británicos para financiar sus compras, a su vez los comerciantes
de Buenos Aires pedían crédito de España,
la gente de Asunción pedían prestado de los porteños
(naturales de Buenos Aires) y finalmente los peones paraguayos
(campesinos sin tierra en deuda con los propietarios) compraban
mercadería a crédito. El resultado era una horrible
pobreza en el Paraguay y un imperio empobrecido espiral y paulatinamente.
La Revolución
Francesa, el ascenso de Napoleón Bonaparte, y la guerra
subsecuente en Europa inevitablemente debilitó la capacidad
de España para controlar sus colonias. Cuando las tropas
británicas intentaron invadir y dominar Buenos Aires en
1806, el ataque fue reprimido por los residentes de la ciudad
con alguna ayuda paraguaya, no por España. La invasión
napoleónica de España en 1808, la captura del rey
español Fernando VII (gobernó 1808 y 1814-33) y
la imposición de Napoleón en el trono hispánico
a su hermano, José Bonaparte desunió lo que quedó
de los eslabones entre la metrópoli y sus satélites.
José no tenía ningún tipo de apoyo ni lealtad
en la América española por lo tanto sin un rey reconocido,
todo el sistema colonial perdió su legitimidad y los colonos
se sublevaron. Alentados los porteños por su reciente victoria
sobre las tropas británicas, el cabildo de Buenos Aires
depuso al virrey español el 25 de mayo de 1810 y juró
gobernar en nombre de Fernando VII.
La acción
porteña tendría consecuencias imprevistas para las
historias de Argentina y Paraguay. Las noticias de los eventos
en Buenos Aires aturdieron a los ciudadanos de Asunción
quienes solían ser fieles a la posición realista
al principio. Pero no importa cuán grave habían
sido las ofensas del antiguo régimen, los paraguayos no
quisieron acatar las órdenes de los porteños, naturales
de un otrora pago escuálido en medio de una pampa vacía
cuando el Paraguay era toda una potencia colonial en el Imperio
español...
Los porteños
insistieron en su esfuerzo para englobar al Paraguay bajo su mando
escogiendo a José Espínola y Peña como su
portavoz en Asunción. Espínola era "quizás
el paraguayo más odiado de su época" según
las palabras de historiador John Hoyt Williams. La recepción
de Espínola en Asunción no fue para nada cordial,
en parte porque se había unido estrechamente a las políticas
atroces del ex gobernador, Lázaro de Rivera, quien ordenó
disparar sobre centenares de conciudadanos hasta que dimitió
en 1805. Escapóse para el destierro al lejano norte de
Paraguay, Espínola luego huyó a Buenos Aires y mintió
sobre la magnitud de apoyo a favor de los porteños en el
Paraguay y logró que el cabildo de Buenos Aires envíe
unas tropas al norte. Manuel Belgrano, general y abogado porteño
se puso a la cabeza de 1.100 hombres con la intención de
entrar a Asunción. Pero las tropas paraguayas azotaron
espectacularmente a los porteños en Paraguarí y
después en Tacuarí. Sin embargo los oficiales de
ambos ejércitos fraternizaron abiertamente durante la campaña.
Gracias a estos contactos los paraguayos comprendieron que la
dominación española en América del Sur acabaría
por extinguirse y que en ellos, no los españoles, está
el verdadero poder.
Si el caso
de Espínola y Belgrano sirvieron para despertar las primeras
pasiones nacionalistas en Paraguay, las acciones enfermizas y
concebidas por los realistas paraguayos que aún permanecían
en la colonia las inflamaron. Creyendo que los oficiales paraguayos
que habían fustigado al ejército porteño
representaban una amenaza directa a su gobierno, el gobernador
Bernardo de Velasco dispersó y desarmó las fuerzas
bajo su orden y envió la mayoría de los soldados
a casa ni siquiera pagarles por sus ocho meses de servicio. Velasco
ya había perdido el respeto de sus gobernados cuando huyó
del campo de batalla en Paraguarí pensando que Belgrano
iba a ganar. Como último disgusto, el cabildo de Asunción
solicitó la protección del ejército portugués
contra las fuerzas de Belgrano cuando éstas solo acamparon
justo al lado de la frontera de la actual Argentina. Lejos de
sostener la posición del cabildo, un movimiento encendió
un levantamiento y el derrocamiento de la autoridad española
al mismo instante en Paraguay en la noche del 14 y la madrugada
del 15 de mayo de 1811. La
independencia se declaró formalmente el 17 de mayo.
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